El apodo de ‘Artillero’ se lo ganó en Uruguay el que fuera uno de los goleadores más efectivos y menos vistosos de todos los tiempos, el argentino Luis Artime, nacido en Junin, Mendoza, el 2 de diciembre de 1938.
Fue goleador en una época y una región donde los grandes abundaban y, como no se iban a Europa en masa, era difícil lograr sobresalir. Sin embargo Luis logró llegar al modesto equipo capitalino de Atlanta, en Buenos Aires, en 1958, para ser parte de un equipo inolvidable en el que pronto pusieron sus ojos los equipos grandes de la Argentina.
Boca estaba interesado en él, pero River ganó la pulseada y se lo llevó. En los torneos de 1962 y 1963 se consagró goleador con los de la banda roja. Pasó en 1965 a Independiente, para formar una delantera avasallante con Bernao, Savoy, Yazalde y Tarabini, que es hasta hoy en día el equipo más efectivo del fútbol argentino, con el 86,67% de los puntos ganados. Artime, por supuesto, volvió a ser el goleador vistiendo la roja en el Nacional 1966 con 23 goles y en el Metropolitano 1967 con 11 conquistas.
En 1969 se fue al Palmeiras de Brasil, pero estuvo muy poco tiempo y volvió a hacer las valijas para llegar al que sería el club con el que conseguiría más trofeos: Nacional de Montevideo. Con sus goles, formando parte de un equipo de estrellas, Nacional se consagró campeón uruguayo en 1969, 1970 y 1971. Nuevamente fue el máximo goleador de los tres torneos, con 24, 21 y 16 goles. Pero además consiguió la Copa Libertadores de América de 1971, la Intercontinental del mismo año y la Interamericana de 1972.
En 1972 se fue al Fluminense de Brasil, pero volvió a Nacional en 1973, donde jugó hasta su retiro, un año más tarde. Fue ante Olimpia de Paraguay, por la Copa Libertadores de América, cuando jugó su último partido que recordaría simplemente así: ‘Llegó el domingo. Jugué, hice el gol de Nacional, agarré la camiseta, la tiré a la tribuna y adiós al fútbol profesional.’
Fue el máximo goleador de la historia de Nacional, con 158 goles en cinco temporadas.
Jugó para la selección argentina en el Mundial Londres 1966 y cumplió un total de 25 partidos en los que anotó 24 goles, con un promedio incomparable de 0,96 goles por partido.
Ademas de su capacidad y olfato goleadores, Luis Artime es siempre recordado por ser un hombre recto y directo, además de todo un caballero. No le ha temblado la pera para decir que en la Asociación del Fútbol Argentino había corrupción, señalando a su manera que ‘en la AFA habría que quemar hasta los muebles’.
En 1979 denunció el dopaje en el fútbol argentino y, aunque se ganó varios enemigos por eso, al año siguiente se implantó el control antidoping en la AFA. No vacila en opinar sobre ciertas conductas que se dan en el fútbol moderno: ‘Para mí está mal que los técnicos y los periodistas compren y vendan jugadores, o que los dirigentes se llenen de plata comprando y vendiendo jugadores’.
Luis Artime no fue vistoso, mucho menos espectacular, pero fue un práctico del fútbol que convirtió muchísimos goles y muy pocos golazos que ayudaron a todos los equipo que integró a lograr trofeos.
lunes, 29 de marzo de 2010
Arlindo
Todo el que forme parte de la gran historia del fútbol merece el calificativo de ‘inolvidable’, por su clase, su personalidad, por lo que ganó, por lo que luchó, por una tapada o por un gol. Sí, por un solo gol se puede ser inolvidable, aunque Arlindo Dos Santos está en las memorias de todos los mexicanos y principalmente de los americanistas, por varios motivos.
De todas formas Arlindo fue el hombre al que el destino honró con la designación de ser el que conquistara el gol del bautismo del Estadio Azteca. El primer grito en el ‘Coloso de Santa Ursula’ lo provocó un brasileño, llamado Arlindo Dos Santos.
Curiosamente el ídolo de Arlindo, del cual se decía que además él era el sucesor, era Didí, y éste fue el hombre que inauguró otro monstruo de cemento con un gol: nada menos que el Maracaná.
Ante 107,494 espectadores, un 26 de mayo de 1966, Arlindo abrió el marcador en un encuentro en el que el América de México y el Torino de Italia empataron 2-2. Así abría oficialmente sus puertas el estadio que sería testigo de dos finales mundiales, nada menos.
Jugador del Botafogo de Rio de Janeiro, Arlindo, nacido en Bahía el 26 de Abril de 1943, fue un volante de depurada técnica, como la tradición de su país manda.
Comenzó jugando en las calles de Bahía, al tiempo que abandonaba la escuela para trabajar, con el propósito de ayudar a la familia. Carpintero, albañil, sastre, peluquero y, finalmente, pescador, fueron algunos de los oficios de un muchacho que no pensaba en jugar profesionalmente.
Luego vinieron a buscarlo de Rio, vio su oportunidad y se fue; peo el equipo que lo llevó pronto cambió de entrenador y tuvo que irse. Deambuló por varios, pero ninguno lo fichaba. Finalmente, cuando trabajaba en una fábrica y vivía de arrimado en casa de unos amigos, llegó un candidato político al que se le solicitó que lo recomendara. Una semana más tarde se probaba en Botafogo y quedaba fichado.
Llegó al América casi por accidente, cuando una delegación del club mexicano viajó a Rio en busca de un jugador y, al observar la práctica de Botafogo, uno de los dirigentes dijo ‘quiero a ese negrito’.
El hombre, que era nada menos que Don Guillermo Cañedo, no se equivocó y Arlindo pasó a formar parte de la mejor historia y presente del América, club en el cual sigue trabajando hasta el día de hoy.
Viaja en subte a su trabajo cada día porque dice no necesitar auto, aunque muchos pasajeros de la vieja guardia futbolera lo reconozcan con asombro y no puedan creer que una leyenda viviente del fútbol azteca viaje modestamente en transporte colectivo.
A aquel gol, al que define como su ‘ópera prima del fútbol’ lo recuerda con emoción y se lo adjudica a todo lo que rezó desde días antes del partido para anotarlo. Recuerda que en cada jugada previa todos los jugadores en la cancha deseaban que el que fuera a rematar errara y se aliviaban cuando lo hacía, porque cada uno quería ser el anotador del tanto histórico.
Pelé y Maradona escribieron páginas de gloria en el ‘Coloso’, donde levantaron copas mundiales e hicieron goles inolvidables; pero el primero de todos … fue de Arlindo; por eso es un inolvidable.
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